Reflexión: Vuelvo a ser una guerrera
Vuelvo a ser una guerrera No fue fácil volver a creer, levantarse del suelo después de sanar la herida. Me habían quitado mi voz, mi esencia, mi alma. Mis hojas, ya no escritas, volaban por los aires: poemas rotos, pensamientos hechos cenizas y el alma destrozada. Así quedé, luego de tan indigna acusación. Me dolió en lo más profundo. Mató mi ilusión y quebrantó, para siempre, mi confianza. La consideraba una buena persona, una gran amistad naciente, un ser libre con quien conversar, pero resultó ser un demonio, una mentira. El odio personificado en mujer. Me dañó con palabras burdas, insultantes y callejeras. Faltó el respeto y me puso bajo su pie, humillando mi ser. Quedé muda, tirada en un charco de incertidumbres, dudas, llanto, impotencia y una ingenuidad desmedida. Me acusó, me apuntó con su dedo sentenciante y no tuvo el valor de mirarme a los ojos. Claro que no, los cobardes actúan así, con fiereza pero con temor a la verdad. Hieren y matan para limpiar sus propia...