Reflexión: Vuelvo a ser una guerrera

 

Vuelvo a ser una guerrera


No fue fácil volver a creer, levantarse del suelo después de sanar la herida. Me habían quitado mi voz, mi esencia, mi alma.
Mis hojas, ya no escritas, volaban por los aires: poemas rotos, pensamientos hechos cenizas y el alma destrozada. Así quedé, luego de tan indigna acusación. Me dolió en lo más profundo. Mató mi ilusión y quebrantó, para siempre, mi confianza.
La consideraba una buena persona, una gran amistad naciente, un ser libre con quien conversar, pero resultó ser un demonio, una mentira. El odio personificado en mujer. Me dañó con palabras burdas, insultantes y callejeras. Faltó el respeto y me puso bajo su pie, humillando mi ser.
Quedé muda, tirada en un charco de incertidumbres, dudas, llanto, impotencia y una ingenuidad desmedida.
Me acusó, me apuntó con su dedo sentenciante y no tuvo el valor de mirarme a los ojos. Claro que no, los cobardes actúan así, con fiereza pero con temor a la verdad. Hieren y matan para limpiar sus propias miserias. Castigan con el placer de sentirse triunfadores. Ciegos de la verdad, oscuros corazones envidiosos. Malvados espíritus que arden en su propio infierno.
Me ató las manos, vendó mis ojos, enjauló mi corazón y cortó las alas de mi inspiración. Y continúa su camino, camino que la lleva a su propia ruina, soledad y muerte.
Yo, como tantos, renuevo mi fe, curo heridas, camino despacio; la cautela es siempre buena consejera.
Retomo hojas en blanco y tinta derramada para escribir y continuar subsistiendo.
Mis letras salen tímidas, asustadas ante la risa socarrona del atacante, pero las abrazo; ya no las expondré. Serán solo mías. Serán solo mis letras.
La vida da tantas vueltas que nunca se sabe cuándo estarás de pie y cuándo derrumbada en el suelo.
Dolió la traición. Sí, mucho. Porque había aprecio, ingenuidad, confianza, cariño, tiempo compartido.
Hoy ya puedo decir que me voy levantando después de casi 10 meses. Hoy miro mis letras apretadas a mi pecho, aferradas a mi cabello, tímidas, nostálgicas y pequeñitas como niñas. Pero crecerán, se harán fuertes y se abrirán al mundo a su tiempo.
Mis manos ya no están atadas y puedo sentir la brisa del agitar de alas de la inspiración. Poco a poco me voy liberando, abriendo puertas y mirando el azul del cielo. Hoy estoy de pie para enfrentar el mundo y ya no permitir que malvadas intenciones ataquen mi esencia ni mi forma de ser.
Soy valiente; la vida me dio las armas más valiosas: respeto, valores, lealtad y amor por sobre todas las cosas.
Hasta me regaló un alma sensible que llora por lo bueno, lo triste, lo alegre y lo malo.
Estoy aquí de pie para continuar escribiendo mis pensamientos, que renacen de las cenizas como el ave fénix. Vuelvo a ser una guerrera.

Marcela Del Carmen Rioseco
Argentina
Derechos de Autor Reservados
28/07/2024

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