Surgiendo de mis cenizas
Es difícil explicar cómo las emociones se disparan. Quedas a la
deriva, sin rumbo, en un inmenso océano. A mí me pasó. Hace un tiempo me hice integrante de la Sociedad de Escritores del Valle. Estaba feliz porque estaba trabajando en algo que me gustaba: la literatura. Crear el Día del Escritor fue mi mayor hazaña: idear el proyecto, trabajar duro, ir a los medios de comunicación, salir a buscar firmas. Me sentía útil, realmente realizada. Lo triste fue que me usaron; mi ingenuidad me jugó en contra. Para muchos será una exageración, pero para mí fue morir en vida. El 6 de septiembre de 2025 no fue para mí el día del escritor reginense; fue el día más amargo y triste, porque me quité la venda de los ojos. Todo era una vil mentira. A la hora de reconocer tanto trabajo, allí estaban sentadas tres personas que no hicieron nada más que reírse de mí: aquellos que se llevan los triunfos de los demás. La Sociedad de Escritores del Valle está basada en mentiras y engaños, y utiliza a las personas. Esa es la realidad, y tuve que vivirla en carne propia para verlo y comprenderlo. Me dolió, sí, mucho, porque me entristeció, me desilusionó y, sobre todo, me menospreciaron. No me respetaron. Ya han pasado quince días y recién puedo hablar sin derramar lágrimas. Ahora, cómo seguirá mi vida, no lo sé. El tiempo marcará mis pasos. Ya no trabajaré para nadie más; trabajaré solo en provecho de mí misma.
deriva, sin rumbo, en un inmenso océano. A mí me pasó. Hace un tiempo me hice integrante de la Sociedad de Escritores del Valle. Estaba feliz porque estaba trabajando en algo que me gustaba: la literatura. Crear el Día del Escritor fue mi mayor hazaña: idear el proyecto, trabajar duro, ir a los medios de comunicación, salir a buscar firmas. Me sentía útil, realmente realizada. Lo triste fue que me usaron; mi ingenuidad me jugó en contra. Para muchos será una exageración, pero para mí fue morir en vida. El 6 de septiembre de 2025 no fue para mí el día del escritor reginense; fue el día más amargo y triste, porque me quité la venda de los ojos. Todo era una vil mentira. A la hora de reconocer tanto trabajo, allí estaban sentadas tres personas que no hicieron nada más que reírse de mí: aquellos que se llevan los triunfos de los demás. La Sociedad de Escritores del Valle está basada en mentiras y engaños, y utiliza a las personas. Esa es la realidad, y tuve que vivirla en carne propia para verlo y comprenderlo. Me dolió, sí, mucho, porque me entristeció, me desilusionó y, sobre todo, me menospreciaron. No me respetaron. Ya han pasado quince días y recién puedo hablar sin derramar lágrimas. Ahora, cómo seguirá mi vida, no lo sé. El tiempo marcará mis pasos. Ya no trabajaré para nadie más; trabajaré solo en provecho de mí misma.

Te acompaño siempre.
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