Reflexión sobre la decepción
¿Te has preguntado si alguna vez me han decepcionado? La respuesta es sí. Me han decepcionado muchas veces; algunas dolieron mucho, otras un poco menos.
¿Por qué? Porque confié, deposité mucha confianza, más de la que debía. Olvidé que somos humanos y no somos perfectos; todos nos equivocamos. Creer que otra persona actuará, pensará o será igual que nosotros es un error. Es evidente que nunca será así.
Todos, en algún momento, nos decepcionaremos y decepcionaremos a otros. No somos perfectos, aunque lo creamos o intentemos serlo. Las experiencias nos hacen ver las cosas de distintas maneras. Solemos pensar que estamos en lo correcto y el otro equivocado, pero no es así. Todo depende de la perspectiva.
En este camino llamado vida, experimentamos todas las emociones posibles. Amamos, odiamos, creemos, desconfiamos, vamos con la verdad a pecho descubierto y con la mentira a nuestras espaldas. Sería ingenuo pensar que nunca dañamos a otros o que nunca provocamos dolor. No siempre comprendemos cuán susceptibles son los demás a nuestras palabras y acciones.
Somos seres emocionales y vivimos el día a día con miedo a ser heridos o rechazados. Por ello, a veces mentimos para pertenecer o decimos la verdad por honestidad. Es cierto que tanto la verdad como la mentira pueden herir o decepcionar, pero es mejor herir con la verdad que apuñalar con la mentira.
La vida nos marca con experiencias, abrazos, amigos, traiciones y enemigos. No podemos agradar a todos ni ser odiados por todos. Existe un equilibrio natural en las relaciones y la sociedad. Constantemente abrimos y cerramos puertas de oportunidades. La decepción nos lleva a cerrar el alma, el corazón y poner distancia para evitar la herida. Es una defensa psicológica natural.
Siempre queremos evitar el fracaso, pero a menudo es el fracaso el que nos deja las lecciones más verdaderas y duraderas. Decepcionarse es parte de la vida. Comprender que podemos estar en ambos extremos nos ayuda a reconocer hasta qué punto permitimos que nos hieran y cuándo aceptamos nuestra culpa. No es fácil, pero es autoconocimiento y madurez.
Sí, me han decepcionado, pero sé que también he decepcionado. No puedo juzgar a nadie por ello sin condenarme a mí misma. Si hay santos, ten por seguro que no andan en la tierra.
Marcela Del Carmen Rioseco
Argentina
Derechos de Autor Reservados
14/09/2023
Gracias por leer. Nos encontraremos nuevamente en "Silencios Sutiles". Hasta entonces, sigamos reflexionando juntos sobre las complejidades de la vida.
Con cariño,
El equipo de "Silencios Sutiles"
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