Reflexión: ¿En qué momento dejé de importarle?
¿En qué momento dejé de importarle?
¿Te has hecho esta pregunta alguna vez? Seguramente, sí. Vamos por la vida conociendo todo tipo de personas, creyendo conocerlas, estableciendo relaciones, haciendo amigos, compañerismo, pareja, matrimonio y un largo etcétera de convivencias. De pronto, vemos que hay un quiebre, un alejamiento, y no sabemos por qué. Desconocemos el motivo, las razones que llevan a esa persona a dejar de interesarse en nosotros.
Esto se ve mucho en las redes sociales, donde todo es efímero. Las personas se interrelacionan sin un vínculo visual o un contacto físico, las primeras herramientas que generan un lazo. Cuando esto sucede, comenzamos a hacernos muchas preguntas: ¿Qué hice? ¿Qué dije? ¿En qué le ofendí? Atribuimos en primera instancia que algo hicimos mal. Pero no es así. Las prioridades de las personas cambian, sus necesidades, el trabajo, la familia. En la mayoría de los casos, estos son los motivos del corte de comunicación. Pero hay veces en que simplemente ya no les importas. Sea porque ya no es atractivo hablar contigo, porque ya obtuvieron lo que necesitaban, o simplemente buscan una nueva comunicación que encaje mejor con sus necesidades.
Ten por seguro que esta situación no se da de un día para el otro. Como en toda relación de pareja, amistad o social, los signos comienzan a ser visibles mucho antes, pero no los advertimos porque creemos que todo está bien, vivimos con la utopía de que todo dura para siempre. Una de las señales más importantes y visibles es cuando tus temas no son importantes, cuando solo se habla de lo que para el otro es primordial, cuando tu inquietud es mínima comparada con la inquietud del otro. Cuando tus ideas no encajan o son ridículas, cuando todo lo que dices es motivo de juicio y duda. Cuando tardan en contestar un mensaje o no lo contestan, cuando un encuentro es una obligación y un gesto de cariño se convierte en un compromiso.
No eres tú, son sus prioridades las que cambian. De nada sirve que te quemes la cabeza pensando "¿qué hice?". Cambia la mentalidad y di "¿qué cambió?". Es sabido que las relaciones son complicadas. Es ceder un 50% y un 50%, buscar el equilibrio y mantenerlo en beneficio de ambos lados. De nada sirve continuar si solo tú aportas o intentas conciliar. Tener la convicción de que no eres culpable de las acciones, actitudes y malestares de los demás te ayudará a mantener tu mente sana, lejos de culpas injustificadas.
Es verdad que al principio dolerá. Sentirás ese terrible sentimiento de abandono, soledad y vacío. Pero es preferible rodearte de personas que te valoren, que te tengan en cuenta y seas importante en sus vidas, y no de aquellas que te buscan solo por su beneficio, sus necesidades y su propio interés. No malgastes tu tiempo. Enriquécelo en el amor, la confianza, el altruismo y la lealtad. Esto, con el tiempo, te dará el valor y el lugar que mereces. Respétate a ti primero y respeta a los demás para ser respetado.
El mundo está lleno de personas con ideas infravaloradas como el populismo, el estar en todo, el opinar de todo y creer que siempre tienen la razón. Olvidan lo importante: la persona en sí. Cuando ya no te valoran, ten por seguro que no eres tú el que pierde, porque nunca dejaste de valorar a esa persona que considerabas compañera, amiga, pareja, etc. Dolerá, claro que sí. Tómate tu tiempo, parcha la herida y continúa; hay muchos valores humanos que te reconocerán y valorarán sin tener tú que demostrar tu valía. El respeto y el valor comienzan por uno mismo.
Marcela Del Carmen Rioseco
Argentina
Derechos De Autor Reservados
14/09/2023
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