Alas de Letras: Un Grito por la Paz
Alas de Letras: Un Grito por la Paz
No soy cantante ni tampoco bailarina. Mi voz no es bonita y mi cuerpo se aqueja de enfermedad. Mis manos tienen alas propias que nacen del alma, escriben sentimientos de tristezas y alegrías, amarguras y dulzuras.
La vida enseña a través de la experiencia y guía desde el corazón. Amamos sin esperar nada, amamos por naturaleza, por ser mujeres y porque viene de Dios.
Odiar es un sentimiento terrenal que mancha purezas, hiere y condena. Todos pedimos paz en la tierra, paz entre los hombres. Pero las palabras son sordas para muchos.
No solo se mata a una nación, una raza o un género; morimos todos un poco cada día. Vivimos en tiempos violentos, donde la amistad se disfraza y el rencor hace nido en personas que se creen superiores. Que se sienten agredidas sin siquiera tener parte en nada de lo que se dice, porque están a la defensiva de un mundo que ataca por la espalda.
No todos fingimos afectos, no todos tenemos dobles caras, no todos buscamos dañar a nuestros hermanos y no todos son crueles déspotas de la mentira.
Hay gente sensible, que ama a pesar de todo, que acepta y respeta a cada quien sin reprochar nada. Hay gente de corazón noble que sigue creyendo que un mundo mejor es posible. Somos heridos mil veces, caemos y nos levantamos, y rotos continuamos luchando por el amor y confiando en que es posible unir naciones, unir hermanos, unir credos.
Por esta gente, la esperanza jamás morirá, y el mundo será cada día un poco mejor.
Dejar de criticar, de acusar, de denigrar y de herir es parte de la misión de quienes pedimos paz. Dejar de ver en el otro a un enemigo y abrazarlo como hermanos, aunque en nuestras espaldas tengamos enterrados muchos puñales, seguimos de pie, un poco más callados, un poco más lentos, un poco más desconfiados, pero continuamos.
La fe radica en la acción y no en la apariencia; la fe nace en el amor y la comprensión y no en frases hechas. Mueve montañas, y la oración tiene la fuerza de un huracán. La fe es dar sin esperar nada, es abrirse al amor pleno y mirar a los ojos sin prejuzgar a nadie.
Todos rogamos por la paz, pero la paz comienza en nuestros corazones, en refugiar al desamparado, en alimentar al hambriento, abrazar a un niño y llorar por el dolor ajeno, pero no quedarnos allí, sino actuar. Abrir los brazos y ser un consuelo.
Yo escribo, no soy heroína, no tengo más recurso que mis letras, pero estoy haciendo visible mi enfado contra la guerra, mi dolor por los desamparados, mi impotencia y mi falta de conocimiento ante esta flagelación.
Las guerras son ganancias para algunos, son el poder para pocos y el descaro de unos corazones de piedra.
Si mis letras fueran tan fuertes para detener tanta barbarie, si mi alma serena fuera la fuerza para tantos. Pero solo soy una escritora que grita en silencio, que siente el dolor ajeno y que en su pecho ha formado un hondo agujero vacío y oscuro de tristezas.
Mi movimiento es escribir, llenar las redes de escritos contra la guerra. Dejar de pensar en nosotros, en nuestros estúpidos problemas de si me leen o escuchan, de si me critican o me prejuzgan; mirar un poco más allá de nuestro propio ego y escribir en repudio a la guerra. Hacer posible que la pluma sea más fuerte que el fusil. Que las palabras de amor suenen más fuerte que la orden de ataque y que las palabras silencien bombas y las reemplacen por flores, alimentos y agua.
NO A LA GUERRA, SÍ A LA PAZ. Seamos valientes y no cobardes, matando o mirando para otro lado. Sí, por nuestros hermanos, NO MÁS GUERRA EN EL MUNDO.
Marcela Del Carmen Rioseco
Argentina
Derechos de Autor Reservado
01/22/2023.
Queridos lectores,
Gracias por acompañarme en este viaje de reflexiones y emociones. Espero que mis palabras hayan resonado en sus corazones y que juntos podamos imaginar y construir un mundo más justo y amoroso. Sigamos escribiendo, hablando y actuando por la paz, porque cada uno de nosotros tiene el poder de hacer la diferencia.
Con cariño y esperanza,
Marcela Del Carmen Rioseco 🌸🕊️

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